Bienvenid@ a Usted que le interesa la verdad.
Esta entrada se titula con un tema amplio y quizá no definido. He querido un título corto sacrificando los detalles que al mismo tiempo puedo explicar mejor aquí.
Empezaré definiendo hombre y mujer. Sí, ya sé que es una explicación innecesaria para much@s, pero deseo dejar expuestas las definiciones más elementales, sin dejar lugar a filosofías humanistas, pensamientos excesivamente científicos o prejuicios religiosos tradicionales.
Aunque decimos la palabra "Hombre" desde antiguo para referirnos a los seres humanos, de todo lugar de nacimiento, edad, condición social o sexo, también ha sido utilizada para referirse a los varones simplemente, pues se considera que las mujeres estaban allí donde los hombres se establecían una vez esos hombres aseguraban el asentamiento.
Así, para diferenciar "Hombre= humano" de "hombre= macho-humano" utilizaré mayúscula o minúscula.
Para la palabra "mujer" no nos quedan acepciones tradicionales e históricas que puedan dar lugar a ningún tipo de confusión. "Mujer" por tanto engloba todas las mujeres y podemos asimilarla a "hembra-humana" ya que las características que diferencian la mujer del hombre es simplemente el sexo, es decir, sus órganos sexuales y rasgos físicos hormonales subsecuentes, sin necesidad de entrar a valorar aspectos más sutiles, subjetivos e invisibles como son la personalidad, el humor o las reacciones psicológicas.
La Ley, como concepto abstracto de orden regulador de la vida social, es un simple convenio impuesto por las clases poderosas al resto de la población que compone una sociedad humana. No es nada más que un contrato público ineludible, que te obliga desde el momento de tu nacimiento a respetar unos límites en tu comportamiento en los lugares Públicos primeramente, y que regula los tratos en los círculos privados.
No es mi intención citar al infinito ni repetir lo que se ha escrito durante siglos, en distintas lenguas y en millones de obras sobre el Derecho, ni citar tediosas leyes con sus artículos, sus revisiones, sus anulaciones, sus fechas de entrada en vigor, sus reglamentos subsidiarios ni toda esa telaraña legal que hoy utilizan los países para privar de defensa al más pobre sin pasar por los honorarios de los abogados.
La Ley, entendida actualmente (agosto 2015) bajo el punto de vista socrático y enriquecido por los Códigos Civiles del Imperio Romano y de Napoleón Bonaparte (es un resumen radical, por cierto), no sólo ha puesto su creador humano por debajo de su creación (la "Ley" como cuerpo de textos que conforman las leyes), además ha dado justificación a situaciones no sólo absurdas, sino peor, anti-naturales.
Después de estas breves definiciones, aunque bien precisas y justas,
pasemos a examinar de manera general cómo afectan las leyes las relaciones humanas, y en el caso que nos ocupa, las relaciones naturales entre hombres y mujeres como seres sexuados de una especie de vida.
relaciones entre hombres y mujeres.
En el caso de hombres y mujeres, las leyes se crearon para defender al débil frente a los abusos del fuerte, principio éste básico en la función de los juicios y en sus sentencias (la administración de justicia resumida), redactadas por los jueces, que lejos de ser criaturas etéreas, son humanos envueltos en textos y procedimientos filosóficos-intelectuales para decirse a sí mism@s que "administran justicia", cuando en realidad repiten sentencias para situaciones matemáticamente jamás idénticas. Dos divorcios son lo mismo para un juez que aplica la Ley, pero si los actores no son los mismos, tipificar sus casos, no es más que un arreglo para facilitar la aplicación de una ley, forzosamente generalista, es decir, que debe "adaptarse", ajustarse y por tanto, expuesta a todo tipo de errores.
Para una pareja que se separa, un divorcio es un momento crítico en sus vidas si es su primera vez. Si hay descendencia de su unión, entonces será un camino penoso e incluso un calvario comparable a una condenación. ¿Condenación? así es. ¿Para quién? para los hombres y para los hijos.
¿Por qué ocurre esto? este es el eje de este escrito desde el Camino.
Desde no hace más de 300 años, fecha relativamente reciente en la Historia del Hombre, a causa de revoluciones como mínimo sospechosas tanto en sus causas y como en sus resultados, el Derecho se ha tornado más y más denso.
Lo que en su origen se crea para legitimar la autoridad del rey o jefe de la tribu, y luego para recaudar impuestos sobre el comercio, hoy está absolutamente despersonalizado, por tanto deshumanizado, y se ha vuelto una especie de regulador abstracto e impersonal, que se permite por sí mismo, expulsar la moral de las religiones que reglamentaban las culturas tradicionales que han visto nacer las civilizaciones durante milenios, por un sistema de represión y castigo, dícese para limitar actos (esencialmente de naturaleza y acción físicas) contra la integridad de los miembros individuales de la sociedad humana.
Si la sensibilidad de algún erudito en Derecho se hiere, compréndase que no es mi intención realizar una tesis de Historia del Derecho, sino una sucinta aproximación que permita a todo lector hacerse una idea justa de este problema de actualidad, que lejos de ser resuelto, crea sufrimiento creciente, destruye familias y hunde hombres y sus hijos en la estupidez moderna que nos caracteriza como civilización tecnificada, tecnocrática, nihilista, pesimista, snob, atea, agnóstica, y en definitiva, vacía de razones existenciales que no sean acerca del capital activo y las rentas pasivas percibidas.
Me produce tal vergüenza y repugnancia contemplar el limbo hacia el que se dirigen las generaciones actuales manipuladas con premisas comerciales fundadas en los más bajos instintos, que no puedo más que denunciarlo. Una manera es enunciando lo que es cierto, explicando la diferencia entre "torcido" y "recto".
El exceso de estudios, debates programados y sin sabios, y cultura formateada es tal que los hombres de hoy andan perdidos en una ilusión que llamamos "tiempo" y en una civilización que llamamos "moderna", adjetivo que ya no es de actualidad. Además, las palabras pierden su significado real a base de abuso deformado y repetición excesiva.
Así, cuando se aborda de los serios problemas existentes en la legislación y en la administración de justicia, vemos lo retrasados que vamos y lo que es peor, cómo estamos involucionando hacia la destrucción de la sociedad humana, fundada en la familia, los roles naturales y la educación primaria familiar.
Tenemos una sociedad que utiliza los padres como maquinaria de producción del infinitamente àvaro y voraz sistema capitalista, que tras destrozar las barreras de su origen como teoría económica de eficacia en la industria, se infiltró mediante la ambición y la corrupción, en el seno de las naciones, utilzando los Ejércitos no ya como defensa de unos territorios, sino como fuerza invasora que ya no defiende nada aparte de intereses muy particulares.
Es en este contexto mundial, que la destrucción no sólo de la figura del padre, sino de la familia como ente unido, se crean leyes que pretenden proteger la parte más débil, pero pregonando una igualdad ante las leyes. No sólo resulta evidente la grave estupidez de esta premisa que primero pretende que las leyes se aplican en igualdad, sino que en realidad, distingue una parte "débil" y una parte "fuerte". En el caso de las familias es interesante cómo las leyes se confunden estúpidamente, dando lugar a situaciones donde se busca repetir la misma sentencia adaptando los casos a la Ley y no adaptándo la Ley a los casos, que obviamente son siempre particulares. Se considera que un juez no hace sino aplicar las leyes, y en ausencia de éstas, crear jurisprudencia. En realidad, por razones de comodidad de los jueces simplificando los procesos, las leyes tipifican los casos y se resuelven con la misma fórmula evitando de paso discusiones interminables delante de los susodichos jueces. Imponiendo un sistema de pago, donde el capital determina la duración de los procesos judiciales, nos encontramos que la Ley deja de aplicarse en igualdad para tod@s, y que los "fuertes" en realidad son quienes pagan mejor dicho engranaje procesal. Es curioso, que en los casos de familia los padres con capacidad de pagarse abogados caros, consiguen salvar su dignidad de padre, que esta es natural y no una insulsa palabra jurîdica o de ningùn texto legal. Lo que existe no necesita que ninguna ley lo recuerde para existir.
Lo que es vergonzoso es que una sociedad se diga civilizada mientras se destruye la autoridad parental. Se destruye la autoridad del padre, característica capital del rol paternal. Socavando su autoridad se destruye su rol, se destruye su función que le daba el apelativo de "cabeza de familia", que es suplantada sin éxito por la sola madre (sacrosanta por su gestación natural), el sistema educativo nacional y la Ley, ejercida por sus agentes, que son los funcionarios entre quienes se incluyen policías y jueces.
Sabiendo que son los hombres realizados en familias en su mayoría, quienes fundaron las familias y por extensión, todas las culturas que hoy conocemos, resulta extraño que se les dilapide de esta manera, expulsándolos del seno de las familias, humillando su natural autoridad.
No hace falta establecer conspiraciones de grupos religiosos judíos o satánicos para comprender que el problema es cada vez más serio.
Destruír al padre es cortar la cabeza a la familia, es matar la base de la sociedad, que se deja ir a la deriva. Desde un punto de vista estratégico, destruír al padre es desproteger un linaje, exponiéndolo a los abusos tanto de otros como de las autoridades en nombre de la Ley.
Desde aquí se deduce fácilmente que destruyendo las familias no sólo fomentas y siembras la delincuencia del futuro que actualmente se observa en todos los países capitalistas, sino también alimentas el sufrimiento que produce ese odio instintivo necesario para hacer fermentar las guerras. Cuando se activa el odio entre los jóvenes, sólo queda dirigirlo hacia donde convenga.
Una vez rota la armonía de los roles familiares, que han funcionado durante milenios con probada eficacia, y disuelta la separación natural que daba caminos separados a hombres de mujeres en su educación hacia la madurez no sólo sexual, sino también como seres humanos evolucionados, nos encontramos con seres sumamente individualistas, andróginos, con problemas de orientación sexual, con mentalidades inestables, lógicamente egoístas, de una probada arrogancia intelectual frente a problemas que se resuelven mucho más rápido en grupo sencillamente, y con unas personalidades que arrastran unas frustraciones y sufrimientos interiores atroces por no decir en ciertos casos, infernales.
Estos hombres provienen de familias descabezadas. Así, si se planea destruír una cultura, empieza destruyendo sus familias. Para destruír sus familias, destruye su cabeza: el padre de familia.
No se trata de cambios sociales, porque la sociedad se compone de familias, y las familias se forman después de fructuosas uniones sexuales que un hombre deseando una mujer, y generalmente con el beneplácito de ella, la embaraza. Esto no cambia, ¿por qué se dice entonces que los tiempos han cambiado? es una ilusión, un espejismo intelectual para las mentes obtusas que no se han entrenado ni a reflexionar ni a estudiar la antigua Filosofía de los sabios.
Son los ignorantes quienes son los más fáciles de engañar con románticos espejismos sobre sociedades ideales y "mundos civilizados de luz" andrógina, más allá del sexo, la genética o la condición social.
Favorecer las madres al extremo de reducir el rol de los padres al de meros "pagadores a fondo perdido", en contra de su libertad a administrar sus recursos ganados por su propio esfuerzo, dícese para colaborar en la alimentación de su progenie, no sólo es contra-natura, sino que ignora manifiestamente que para imponer un deber primero es preciso tener un derecho. En otras palabras, se exige a los padres separados de sus ex-parejas que cumplan con un deber pero sin gozar de derechos hacia su progenie. Este es el problema más preciso que se observa en los países europeos y otros que se autodenominan "civilizados" o "modernos".
Con tales prácticas de "justicia" se incita a los demás hombres a no casarse, no tener descendencia y a abandonar su progenie, unos por sentido "práctico", otros padres por no poder combatir todo un sistema "legal" sin más recursos que sus propios capitales económicos.
Observen a su alrededor...¿quién no conoce divorciados, separados? ¿quién no conoce hijos que no ven sus padres? ¿quién no sabe de pensiones alimentarias impagadas o padres en prisión? ¿quién no conoce casos de violencias de pareja? ¿quién no se da cuenta por qué los hombres ya sólo buscan el placer del sexo y se dejan arrastrar por una mujer para casarse y tener hijos? espero que hayan comprendido lo que está pasando.
Nadie parece conocer la respuesta o se resigna a ser un borrego. Preguntar es tabú. Yo prefiero preguntar lo que no sé y responder lo que sé.
La resolución a este problema, como a todos los problemas existe, pero como para ir a comprar el pan, hay que dejar de discutir quién va, qué se compra, cuántos panes y a qué precio en nombre de un debate de libertad e igualdad de oportunidades, absolutamente ineficaz y que al final nos dejará sin pan a tod@s. Simplemente hay que salir, caminar y comprar el pan. Luego vendrá uno diciendo que eso es budismo "Zen" y ya tenemos a todos discutiendo de nuevo como idiotas en una cena de pitiflauticos fiesteros.
Probablemente, en función del sexo de quien lea estas líneas, se reaccione en defensa de padres o de madres, enfrentando los unos contra las otras, como si se tratase de tomar posiciones en una guerra (absurda técnicamente). Quizás alguien ve más lejos y comprende el problema, su hiriente gravedad. Y aún quizá, hay alguien que quiere hacer algo y no sólo leer blogs que no es malo pero es insuficiente. Yo soy de estos últimos. Contácteme si también es su caso.
Gracias por leer este comentario desde el Camino.
Que pase un buen día.

No hay comentarios:
Publicar un comentario