El problema más grave que aparece con un sistema democrático es la corrupción.
La corrupción pone en evidencia que la Ley está al servicio del ser humano y no el ser humano al servicio de la Ley.
Esto es una prerrogativa lógica básica que no atenta contra la calidad de la Ley como medida reguladora en las relaciones humanas. Además, la propia historia del filósofo Sócrates ilustra el fracaso de creer en un Derecho sobrehumano o sobrenatural.
La Ley, por ser definida y delimitada, no puede concebirse superior a su creador, cuyas acciones libres sean consideradas apropiadas o nefastas, serán siempre casi ilimitadas tanto en sus formas o ejecuciones, como en su fondo, causas o consecuencias naturales, más próximas a la Biología, a la Psicología y a la Sociología que a los legisladores cuya función forma sofisticados y espesos Códigos Civiles.
Intentar delimitar las acciones humanas dentro de cerrados, estrechos o indefinidos nichos jurídicos conduce:
> en primer lugar, al principio de la represión como herramienta más propia del Poder Ejecutivo que de la Justicia como Tribunal. Que la Justicia se sirva de aquél para aplicarse y realizarse no justifica ciertas "leyes" de carácter represivo, porque son aplicadas sin juicio.
> en segundo lugar, conduce a una falsa homogeneidad de las conductas humanas, denominadas "típicas" porque se tipifican en el argot jurídico, que se aleja de nuevo, de las convenciones sociales más sencillas y probadas.
> en tercer lugar, y como consecuencia de la tipificación de la libre acción humana, se produce el error. Un error forzado por intentar estandarizar las acciones y efectos más variopintos con tal afán de simplificar y mecanizar los juicios en nombre de la "manoseada" Igualdad. Los sucesos acostumbran a ser únicos y lineales en el Tiempo, tornándose así específicos. El Tiempo tiende por adición a tornar los sucesos en complejos encadenamientos, razón que convierte los juicios en tortuosos procesos de contestación para las partes involucradas en litigio y los funcionarios de la Justicia. Los sucesos simples o complejos, resultan complicados cuando se someten a la analítica racional que rije el proceso judicial.
La Justicia como instrumento de equilibrio social y resolución de conflictos resulta sumamente ineficaz por injusta cuando se sirve de una Ley estandarizada, frecuentemente obsoleta que dicta que si sujeto "A" + circunstancia "B" se encuentran, se da por concluído el efecto "C" y por tanto se aplica la sentencia "D", de la cual el juez no sirve más que como lo haría un verdugo durante la Edad Media, viéndose el susodicho juez no tanto como un intérprete sino como mero autómata cualificado.
Si bien las leyes deberían impedir que 2 jueces dicten sentencias diametralmente opuestas sobre un mismo caso, estandarizar al detalle las leyes provoca la rigidez, y luego la injusticia en los tribunales, al obligar al juez a seguir procedimientos en ugar de optar por su buen juicio, pese a la ironía que esto demuestra.
Algunas leyes son anacrônicas, insuficientes, inaplicables o demasiado indefinidas; otras rayan la exageración detallista o crean contradicciones frente a otras, pues como se ha explicado, la acción humana es casi infinita de formas y no se presta a ser clasificada con la exactitud ideal que los legisladores desean o incluso creen real.
Hesse Friedermanns
martes 17 de enero de 2012

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