sábado, 25 de febrero de 2023

Desatinos de periodistas feministas y vestidos rojos de la fea vicepresidenta de turno.

Al leer el artículo de A.Alba publicado el pasado día 13 de Septiembre en Levante-EMV, refiriéndose a un artículo anterior no puedo menos que recordarle algunos hechos sociales evidentes para esa mayoría que su colaboradora menciona en la última línea de su artículo.

En primer lugar, no veo por qué esta miembro (¡oh! disculpe, quería decir "miembra") de Mujeres Progresistas se camufla entre el feminismo para crear discusión en nombre de la manoseada igualdad de género frente a un artículo que emplea el término "negritas" en un contexto nada xenófobo porque no se refiere a ello, sino a política y "marketing" de imagen.
Lamento que esta "miembra" de tal corriente feminista con una sensibilidad pervertida respecto del uso de la Lengua Castellana, dirija su atención a sinsentidos y no busque ejemplos claros e indiscutibles de verdadero machismo si es éste su interés vocacional.

En segundo lugar, debo recordarle que si la prensa denominada "rosa" funciona comercialmente, o si los centros de estética en todas sus facetas continúan con beneficios (por no mencionar marcas bien reconocidas) es gracias a la tradicional y actual PREOCUPACIÓN de muchas, muchísimas mujeres por combinar zapatos y complementos, colores con la estación, pendientes con ropa, peinados diferentes cada mes o incluso operaciones contra la natural decrepitud cuando no es un "lifting" en el ombligo, o una "mejora estética" pectoral (que por supuesto, es sólo para elevar la autoestima de su receptora no para las miradas ajenas). Hay toda una lista inacabable de famosas de toda índole social, y desde que los precios lo permiten para las menos famosas también.

En tercer lugar, el observar "resabios sexitas" a un artículo de prensa libre, por interpretar a su muy particular manera apenas tres palabras, y mezclarlo con términos mayores como "xenofobia" e "imagen colonialista", añadiendo que sabe quién es la modista de la mujer de Obama o cuánto vale la indumentaria de la mujer de John McCain, demuestra que esta señora como "feminista" se informa de asuntos que no son para un periódico serio sino para un magacine "salsarrosa", de estética "pop", llena de alabanzas a la mujer porque sí, gratuitamente, junto a propagandas de maquillaje, deportes caseros o consultorios del tipo "Cuéntame tu problema, amiga mía..."

En cuarto lugar.
Naturalmente, todo personaje con trascendencia pública cuida su apariencia para parecer -he dicho "parecer"- impecable, ordenado, limpio, con buen gusto y acorde al nivel de formalidad de cada circunstancia. Nada más.
Para esos cuidados pueden contratar asesores y estilistas de imagen, así como expertos en protocolo y juzgar su utilidad en los efectos logrados.
El verdadero problema es exceder los cuidados y ser descubierto por fuera de contexto u ostentoso entre otras formas de llamar la atención fuera de las propias del puesto.


Si la vicepresidenta Fdez.De La Vega ha sido criticada por su vestimenta, no lo ha sido por ser mujer sino por centrar la atención mediática sobre sus colores rojos y su purpurina, ejerciendo su libre derecho, al igual que cualquiera a parecer ridículo o llamar la atención pública, pero olvidando ella que se expone a la crítica si no viste con la sobriedad y el formalismo (justamente por razones de imagen) que una vicepresidencia exige. No se la mira por ser mujer sino por ser responsable de la Vicepresidencia del Gobierno de España.


Hombres y mujeres son libres de vestirse de rojo, con criterio se elige cuándo es más o menos oportuno, pero si el toro lo ve, hay que correr más rápido o será golpeado/a. Luego no se queje de que el toro -ese Público- la embistió por ser mujer, ¡por favor!, o arremeta contra las insuficientes medidas de seguridad municipal, o pida incluso que se manipule genéticamente el gusto del toro por el rojo. 

Hay que distinguir los errores de De La Vega y no llevarlo a las "latitudes" del sexismo por observarse absurdo, por mediocre excusa. Vale más ensalzar la elocuencia de nuestra vicepresidenta y su prudente moderación verbal frente al Público, revestida de firmeza, que defender sus errores desviándolos hacia pretextos sexistas con tonos intelectuales sin argumentación constructiva, de razonamientos fáciles y sin profundidad crítica.

_ Hesse Friedermanns,  28-07-2011.

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